¿Te suena esta batalla? Es domingo por la mañana. Tú intentas que se vistan rápido, ellos se quejan, llegáis tarde y pasas la hora de Misa chistándoles para que no se muevan.
Al salir, piensas: "Esto no sirve de nada. Solo estoy consiguiendo que odien venir".
No estás solo. El problema no es la Misa, ni Dios, ni tus hijos. El problema son los "errores de traducción" que cometemos los padres sin querer.
Error #1: El Dios Policía
Si solo hablamos de Dios para corregir ("Pórtate bien que Jesús te ve"), convertimos la fe en un sistema de vigilancia. ¿Quién quiere amar a una cámara de seguridad?
El cambio: Habla de Dios cuando sean felices. "¡Qué helado tan rico! Gracias a Dios que inventó el sabor a chocolate". Asocia a Dios con el placer y la gratitud, no solo con la moral.
Error #2: La Fe de "Domingo"
Si Dios solo existe una hora a la semana, es irrelevante. Los niños detectan la incoherencia a kilómetros.
El cambio: Integra micro-liturgias en casa. Bendecir la mesa, pedir perdón (tú a ellos) cuando te equivocas, o admirar la naturaleza.
Error #3: Silenciar las preguntas incómodas
"No preguntes eso, es pecado" o "porque sí". Cuando un niño pregunta "¿Por qué Dios permite que muera gente?", te está invitando a profundizar. Si cierras la puerta, buscará respuestas en otro lado (o asumirá que no las hay).
La solución no es "hacer más", es "ser más"
Educar en la fe se trata de contagiar tu propio asombro. Si tú vives tu fe con alegría, ellos querrán saber el secreto de tu alegría.
¿Quieres profundizar más?
He preparado una guía completa llamada Educar en la Fe: De la Obligación al Asombro. Es un manual sin juicios para padres reales.
Te enseñaré a crear un hogar donde la fe respire y no asfixie. Aún no ha salido, pero puedes unirte a la lista de espera y ver el temario completo.

